La película que decepcionó a todo un país



Por Oroyelix Lozada | @oroyelix


La expectativa que puede causarte saber que van a sacar una película sobre el caso de Edmundo Chirinos puede compararse con que te digan que en 24 horas conocerás al amor de tu vida.

El caso de Chirinos, psiquiatra de renombre nacional, sacudió la esfera política y social en su momento y la peridiosta Ibéyise Pacheco se encargó de inmortalizar y retratar este trágico episodio que involucraba a un personaje con ínfulas. Un reportaje que develó el perfil de la víctima y el victimario, con detalles de la investigación policial, los entresijos entre las personas involucradas y el relato de cómo transcurrieron los hechos la última noche con vida de la joven de 19 años.

Estas son mis impresiones sobre esta deleznable película:

En principio, saber que harás una producción cinematográfica sobre un hecho real implica una documentación exhaustiva. Pues, ese trabajo ya estaba hecho, puedo atreverme a decir que bastaba con leer “Sangre en el diván”, al que me parece se le dio la espalda.

De “El Psiquiatra” pueden despreciarse tres elementos fundamentales de una pieza audiovisual: pésimo guión, trama mal configurada y reprochables actuaciones. No se necesita ser experto en cine; el guión dejó mucho que desear; las interpretaciones de los personajes lucen sobreactuadas, forzadas, someras, inconsistentes, sin fuerza, como desconectados del dolor real de las víctimas.
 
ALGUNAS INCONSISTENCIAS

Si te venden la película con el slogan "el crimen que conmovió a un país" como espectador tus expectativas trascienden y alimentan la idea de que al abandonar la sala estarás indignado, sacudido y asqueado de la fuerza intransigente de la gente poderosa. Y no fue así.

A esta historia le sobran elementos que resaltar: una joven deprimida por su peso y apariencia, el trastorno alimenticio que afecta a muchos adolescentes, los demonios que tenemos todo pero que con poder se pretende pasar por encima de los mortales, cómo un ser sin ética se aprovechó de técnicas médicas para llevar a cabo sus fechorías, los baches del sistema judicial venezolano, etc.

Los funcionarios de la película quedan como unos auténticos incapaces comparados con los profesionales reales descritos por Pacheco en su libro. Aunque seré reiterativa, culpo al guión por eso.
Si hay un elemento bien marcado es el sadismo en las escenas, el sadismo del propio psiquiatra. No dudo que Chirinos haya sido un hedonista, constante persecutor del placer inmediato pero la carencia de unas buenas líneas le robó la fuerza que ese personaje podía reunir.

En el film prevalece la música y se omite el diálogo entre los actores ¿se debió a la poca confianza en la calidad de sus escogidos? Esa es una de las tantas preguntas que dejo al aire.

En el desenlace se muestran las imágenes de la exhumación del cuerpo, mas no se explica por ningún 
lado la razón de ser.

Se pierden demasiados minutos en escenas sonsas, tan excesivo es, que fastidia y te preguntas ¿cuánto más va a durar esta escena que no me dice nada más que música tensa?

Este desatino fue un embate al trabajo periodístico de Ibéyise Pacheco.

No creo que haya mucho que rescatar de la película sino la intención de retratar en la pantalla grande la doble moral de la que gozan personas con influencia. El cine venezolano es un bebé aprendiendo a caminar, esta fue una caída estrepitosa de la que espero se levante con fuerza pronto.

Si te interesa leer "Sangre en el diván" comunícate conmigo.


Hola, dime Aurum.

¡Hola! Soy una periodista venezolana, recién graduada y aún mantenida. Aprendiz de fotógrafa. Aprendiz de la vida. La belleza y la ternura me desvanecen. Me puedes decir Oro o Aurum, como gustes. Bienvenidos todos a mi espacio.

Ya han pasado tres años de constante evolución, tanto en su forma como en su contenido. Inició llamándose FREE, luego pasó a ser Pichona de Jirafa, luego Aurum y finalmente Tinta de Aurum

Para aquellos que se preguntan qué es Aurum proviene del latín y significa "brillante amanecer".

Tinta de aurum es un espacio de desahogo. Además de la plataforma testigo de mi crecimiento y evolución como periodista. Comenzó sin un propósito claro y se convirtió en la antología de prácticas a lo largo de mi carrera; ahora, hay nuevos retos, nuevas metas por conquistar y este seguirá siendo un espacio para leernos y conocernos.

Sus comentarios siempre son y serán bienvenidos.



La escritura, la palabra tiene poder. Antecede a la acción y educa. Trasciende y deja un legado. Este es mi aporte por aquello en lo que creo.


¡Que lo disfruten!

Para contactarme mi twitter @oroyelix

Pasión con forma

Un hombre y su pasión. Este fotoreportaje fue el trabajo final de Fotografía Periodística, el tema era la pasión. Ese sentir que a muchos motiva a hacer lo que les gusta y les llena el espíritu independientemente de lo que sea.
Gaspar Valera es el protagonista de alambrARTE, un señor que elabora figuras hermosas de alambre. Sus herramientas son solo una pinza y alambres de distintos diámetros y colores. Sin embargo, diríamos que su mayor y más poderosa herramienta es su fe.
Su dedicación y amor por lo que hace son poderosas fuerzas que lo conducen cada día a exhibir su talento en el bulevar de Sabana Grande. Niños y adultos se acercan a observar cómo es que Gaspar elabora en alambre nombres, delfines, corazones y cualquier otra figura que imagine... Hasta retratos de personas.

Aquí su historia:


 

Carta a mi Tiky

Esta fue una carta que escribí para participar en "Concurso Cartas de Amor" patrocinado por Montblanc. Aparte de haber logrado ser preseleccionada, lo mejor fue el feedback y respuesta de todos aquellos que la leyeron; mensajes hermosos y sensibles.
Fue de esas experiencias que te enriquecen la vida. Aunque simple fue espléndida. Un instante más de felicidad.

CARTA A MI TIKY

Un concurso de cartas. ¿A quién le puedo dirigir una carta?
¿A quién más? A Oriana.
Sé que nunca la leerás, tan solo me escucharás y quizás no la entenderás. Pero eso no es lo verdaderamente importante.
Tú gozas de un espíritu sano y vibrante que reconoce los sentimientos más sinceros. Lo sientes así porque de ti todo lo que brota es intenso, profundo y libre de toda mala intención. Eres el ser más impoluto que conozco y que me acompaña desde hace 17 años. Tu sí sabes que es amor aunque no puedas explicarlo con palabras. ¡Pero qué importa eso! Esas cosas tan intangibles solo se pueden describir con hechos y no con una retahíla de palabras rimbombantes. Esa tarea es para los poetas. Con tus manifestaciones naturales de amor, haces que los hechos digan mucho más.
La verdad no recuerdo cuál fue mi reacción cuando mi madre me dijo que serías una "niña especial", y que en consecuencia necesitarías otro tipo de cuidados. Apenas tenía cuatro años, sin embargo, mamá me cuenta que siempre lo supe llevar y que me hizo madurar más rápido.
Recuerdo claramente que te defendía de quienes osaban burlarse de ti. Solo eran niños, pero yo no entendía el porqué ellos no podían entender lo que yo sí, incluso siendo tan niña como ellos.  ¿Te has dado cuenta que cuando salimos a la calle mucha gente nos ve? No, seguro que no te das cuenta. No tienes consciencia de eso, no notas las miradas, ni los comentarios que en vano intentan decir con disimulo en el oído del compañero. ¿Pero sabes qué? Yo también los ignoro, porque provienen del desconocimiento, de la ignorancia. Resulta divertido y a veces molesto ver como los niños se refieren a ti: "Mamá, ¿y ella por qué es así?" o sino "esa niña tan grandota no sabe hablar". Muchas veces en esos momentos deseo ser chiquita, así como uno de ellos y saber en retrospectiva cómo te hubiese visto yo si no hubieses sido mi hermana.
Aunque eso no puede ser, sí recuerdo cómo te veía desde mi rol como hermana mayor. Yo, tan pequeña, entendía que tenías una condición especial y tenía claro que siempre te defendería de quien no entendiera eso. No iba a permitir que fueses objeto de burla. Y hoy en día, te defiendo a ti y a todos con necesidades especiales.
Para los niños y hasta para algunos adultos eres "esa niña rara y grande que no sabe hablar". ¿Para mi? Eres mi hermana menor, mi gorda hermosa consentida que sabe hablar a su modo y que orgullosamente entiendo.
Todo lo que haces, lo ejecutas con el corazón, pese a que desconoces que quiere decir eso. Vives la vida como tus capacidades te lo permiten. Disfrutas de las cosas más sencillas de la vida y eres igual o más humana que muchos de nosotros. Exploras el mundo a tu modo: ríes cuando ocurre algo gracioso, bailas cualquier tipo de música, besas cuando quieres y a quien quieres; incluso si no lo conoces. Hablas a tu modo. Comes cuánto te apetece. Amas a quienes te aman. Suena simple, ¿no? así es como haces ver la vida.
Te voy a confesar varias cosas en esta carta. La número uno es que no me gusta verte crecer, cada 22 de febrero siento una sensación de angustia y enfado, porque dejas de ser la niña chiquita. Y, además físicamente te haces una pequeña mujer. Aunque por dentro, en esa mentecita eres la misma bebé de siempre, con destellos de rebeldía que forman parte de tu etapa de la pubertad que estás atravesando. El hecho de crecer, significa que te vuelves poco a poco más desprendida y eso me aterra porque no quiero que dejes de ser un chiclecito que besa y abraza a cada instante.
La otra cosa es que me encanta que aprendas y ejecutes acciones solas, sin ningún tipo de ayuda. Cada vez que aprendes algo nuevo en casa, como por ejemplo, servirte agua sola; siento un orgullo inmenso, me sorprendes y te superas a ti misma. Otra confesión es que amo bailar contigo. Apuesto a que disfrutas tanto como yo esos momentos a solas en casa con música a todo volumen bailando por todos lados, inventando pasos. Tus risas y abrazos de felicidad me llenan el espíritu.
La última es que me siento infinitamente bendecida y afortunada de tener una hermana como tú. Eres única y especial, en todo el sentido de la palabra. Explicarle tu condición a quienes se interesan en ti, lo que sabes hacer, lo que no, lo que dices, lo que te gusta y lo que no; me hace sentir tan especial como tú, porque pocos tienen la dicha de compartir con un angelito real.
Mi Tiky, tú eres inspiración y motivación. Eres la fuerza de cohesión de la familia. Tu condición especial te libra de todos los vicios que nosotros conocemos; desconoces la mentira, la falsedad, el engaño, la soberbia, el orgullo, no sabes juzgar, ignoras las ofensas. Sencillamente no conoces lo tóxico y asfixiante que es el mundo y la gente pueden llegar a ser. Tan sólo sabes manifestar el más tierno amor, no en vano, mi padre dice que eres un “corazón con paticas”. Te arropa una inocencia que estoy segura que jamás se marchará de tu mirar; permanecerá contigo hasta el fin de los días. Esa ternura que invade cada parte de ti me desploma todos los días y sé que nada podrá cambiar eso.
Quiero que sepas que compañeras como tú no las hay. Tenerte me hace una hermana especial. Eres y serás mi hermana menor, a quien más amo. A quien más beso y abrazo. La que recibe todo mi amor y cariño que brota espontáneamente porque así tú lo despiertas.
Creo en que la palabra escrita inmortaliza los pensamientos y sentimientos, en esta oportunidad serán los que en esta carta he escrito por y para ti.
Oriana, gracias por hacerme la hermana más feliz y orgullosa de todas. Yo te amo.

Tiky, para ti de nuevo

Esta fue la segunda carta que escribí para ella. Decidí repetir mi participación en el Concurso Cartas de Amor de Montblanc, que fue postergado por la situación venezolana en los meses febrero-abril de 2014. Después de todo, lo menos que reinaba en las calles era el amor. La injusticia y el abuso de poder transitaban a diestra y siniestra, juzgando con el dedo acusador a quienes se atrevieron a disentir a viva voz. Héroes son aquellos que luchan por causas justas y Venezuela tiene mucho de ellos...

Como aún la incertudumbre nos acobija, no sabemos que pasará para el año próximo.

De igual forma comparto con ustedes lo que escribí. Gracias.


 Tiky,

En la primera carta que te escribí dije que quizás no la entenderías. Te subestimé. Cuando mamá te la leyó, por primera vez, algo entendiste. Me lo hizo saber tu risita de caballo, porque hiciste pucheros y además porque en tu lenguaje abarrotado de “mamamama papapapapa” algo quisiste decirme (esa vez no logramos traducir lo que pronunciaste). Eres harta perceptiva y por ello, tengo la certeza de que me comprendes. Y aunque no sepas leer, te escribo nuevamente.
Tiky, esta vez son otras cosas las que quiero compartir contigo.

El 22 de febrero cumples 18 años. Serás mayor de edad para la Venezuela en donde has crecido. Según las leyes, ya no serás una niña. Pero, ¿qué sabes tú de responsabilidades? Tu vida es comer y dormir, como un bebé. Si acaso, me atrevería decir que solo conoces el orden: esa manía de que todo esté donde debe me causa mucha risa y a nuestra madre… ¡Cuánto le encanta!

Eres una bebé grande que llama la atención de cualquiera por su tamaño, su forma de hablar, su risa, sus gestos: Toda tú. Yo no sé que verán ellos, pero yo veo un ángel. Me he dado cuenta que todos queremos tener uno, o lo tienen o lo piensan. Yo, sin embargo, me siento más afortunada aún. Mi ángel es terrenal, comparte cada día risas, mimos y besos.

Conversando sobre ti, me hicieron interrogantes que no nos hemos planteado ni mamá, ni papá, ni yo. 

Te contaré cuáles fueron esas preguntas y lo que pensé al respecto:

—Si te digo que existen los ángeles ¿me creerías?
 Yo no sé de dónde le surgió esa pregunta, lo cierto es que muy convencida le dije que por supuesto. ¿Cómo no creerlo si comparto con uno? Así le hice saber que tú eres mi ángel, nuestra dulce compañía en casa.

En otra oportunidad me preguntaron dos veces:

—Y su… ¿Su esperanza de vida?
 Vaya crudeza inmersa en esta pregunta. Tiky, en mis 21 años jamás me planteé eso y es que tampoco los doctores lo hicieron, o quizás sí, y si fue, nunca lo supe. Ante eso solo puedo preguntarme: ¿Es que acaso los ángeles deben regresar a casa?

—¿Cuál es el plan con ella?
¿El plan? Eso tampoco se ha hablado. El único plan es que tú sigas creciendo porque el tiempo no se detiene. Tu ilimitado amor alimenta nuestros egoístas corazones. ¿Ese es el único plan? Pues, cuando mamá y papá no estén, quedaré yo. Seremos tú y yo. Velaré por tu bienestar. Y te digo algo, esa mamitis desbordada que despierta nuestra mami, también tendrás que sentirla por mí. Mira que yo sufro de hermanitis crónica.

Eres la hija que desearía tener, la sobrina que nunca tendré, la nieta que quizás no tenga. Eres todo y más. Dicen que el amor materno no se compara con nada pero estoy segura que este amor tan inagotable y asfixiante que derrocho por ti, amada hermana, no lo iguala nadie.

Sé mi eterna compañera.

Quien te ama, tu hermana.

Perfil de Mónica Fernández

Mujer ecléctica, defensora de la verdad

Nació en España y se mudó con su familia cuando tenía dos años. La abogada Mónica Fernández es la conductora del programa Se ha dicho transmitido por Televen que goza de altos niveles de sintonía. En el año 2008, fue víctima de secuestro y sobrevivió tras recibir un impacto de bala en la espalda 




Por Oroyelix Lozada

En la calle, radio, televisión y hogares venezolanos la llaman “Dra. Mónica”. Su presencia tiene fuerza, se muestra siempre segura. Con cierto aire tropical –quizás por su ropa– y frescura ingresa al canal, unos altos tacones disimulan su metro sesenta de estatura. En sus hombros lleva un bolso deportivo y una femenina cartera que combina con su vestimenta. Desde la entrada hasta su camerino, regala los buenos días a todos los trabajadores que se consigue a su paso. La respuesta es inmediata, al unísono: ¡Buenos días, doctora Mónica! 


Está distraída hurgando el oscuro mundo de las carteras; le preocupa haber dejado su teléfono lejos de ella. Sí, es adicta a sus dos celulares. Odia hablar por teléfono pero sí atiende las notificaciones y mensajes que cada treinta segundos hacen sonar o vibrar sus aparatos. Así interactúa con su público, atiende casos y lee el sinfín de comentarios dulces y, a veces, amargos.

Sus días tienen 48 horas. Una semana graba en el canal y otra en su programa de radio Para que te defiendas, dicta clases de postgrado en la UCAB, tiene una columna en el diario La Voz. Es madre, es hija y ama de casa.

Siempre quiso estudiar Comunicación Social; sin embargo, es abogada, especialista en Ciencias Penales y Criminológicas y además licenciada en Educación, mención Ciencias Sociales. Carreras que estudió simultáneamente. Fue la primera de sus dos promociones con mención honorifica Summa Cum Laude. Se puede decir cualquier cosa de ella, menos que no está preparada. No existe ni un ápice de modestia de su parte porque lo sabe. Sabe cuánto vale profesionalmente y no por ello existen vestigios de arrogancia. Allegados y compañeros de trabajo también lo confirman: “Es una excelente profesional”.

Su vida se desarrolla en cuatro cuadras: el canal, la radio, el colegio de su hija y su casa convergen y distan de mínimas distancias que le permiten atender todos sus roles. No le ruega más minutos al reloj, al contrario, son sus horas las que piden descanso. 

MUJER DE GUÁRAMO 

A sus 41 años luce un cuerpo esbelto con atractivas curvas. Cuando estudiaba en el colegio Madre del Divino Pastor, practicó voleyball y perteneció a la Selección Nacional del deporte de malla. El ingreso a la universidad le imposibilitó seguir jugando con el equipo juvenil. No maneja bicicleta, ni sabe nadar, ni patinar. Pero entrena diariamente en el gimnasio, que por cierto, no sale de sus cuatro cuadras.

Mónica Fernández es una mujer aguerrida y sobresaliente que por alguna desconocida razón siempre se ha rodeado de hombres en el campo laboral: presos, militares, policías. El exceso de testosterona no la intimida, ni supone una actitud feminista. Posee una acendrada visión de igualdad.

Un 19 de abril se encontraba jugando softball con los privados de libertad de Yare, este hecho le abrió las puertas para trabajar a la orden del ministerio de Justicia. Con 24 años fue nombrada Directora Nacional de Prisiones y uno de los objetivos que debía perseguir “La Barbie carcelaria” sería mejorar las relaciones con la Guardia Nacional. Lo hizo tan bien que hasta terminó casada con un Teniente, su primer y único matrimonio con quien tuvo a su única hija Daniela Franco Fernández de 15 años.

PEQUEÑA REVOLUCIONARIA 

Desde pequeña forjó un liderazgo espontáneo que para algunos ha significado una piedra en el zapato. Se considera una revolucionaria y que lo afirmen las monjas franciscanas de su colegio, quienes debieron ceder ante la insistencia de la pequeña Mónica de permitir a las niñas usar mono de educación física para la materia. Esa fue su primera revolución ganada. 

Fernández no sabe mentir. Sus dos fuerzas son la verdad y la justicia; su profesión ha condicionado su vida personal. Una unión para siempre. 

Dos veces ha sido merecedora del Premio Mundial Joven Sobresaliente del Mundo, que otorga la Organización de las Naciones Unidas. Además, fue merecedora del premio Mujer Analítica del portal de la revista Analítica.com por su iniciativa de proyecto de Ley de Amnistía que llevó a la Asamblea Nacional. 

TIEMPOS DÍFICILES 

Mónica Fernández también fue juez de Primera Instancia Penal del Área Metropolitana de Caracas. Mientras desempañaba sus funciones públicas, tuvo lugar el Golpe de Estado al presidente Hugo Chávez. Fue acusada por el exministro Rodríguez Chacín de privación ilegítima de libertad y abuso de poder en los días de abril del año 2002. 

Sin embargo, sus decisiones cuestionables o no, estuvieron apegadas a su rectitud. Por ello no existe cabida para el arrepentimiento de sus acciones. Actuó como debió y fe de eso da la amnistía que el presidente Chávez le concedió.

Fueron años duros que enfrentó con su familia e hija de apenas 5 años en el momento. Ante esa coyuntura decidió fundar la ONG Foro Penal Venezolano, hoy día una organización posicionada y con fuerza política e influencia nacional e internacional. Un trabajo hecho a pulso con un Blackberry y rodeada de compañeros brillantes. El trabajo en equipo es fundamental para ella, es la clave para la consecución del éxito.

En el año 2008 la secuestraron. Duró tan solo horas. La situación dramática concluyó con un muerto, un herido y una bala alojada en su espalda. Sobrevivió para contarlo en I Survived: Rostros de Latinoamérica en el canal The Biography Channel. Las secuelas han mermado con el correr del tiempo; sin embargo, el temor está ahí y reaparece cuando la realidad del país te invita a ello. La inseguridad la asfixia, la estresa… Como a casi todos.

Si bien ha tenido participación política, esta ha estado desligada del partidismo. Su equilibrio y consciencia de justicia le permite ubicarse en el punto medio: se pasea por el eclecticismo.

DETRÁS DEL LENTE 

Aunque su inserción y aparición en los medios ha sido sostenida por ser fuente especializada en DDHH y seguridad, el fenómeno de ahorita, por Se ha dicho, es otra cosa. Le resulta “abrumador” y al mismo tiempo “hermoso” porque la gente le transmite energía. Sin embargo, repite enfática “yo soy humana, soy normal. Yo no soy Dios”.

Fiel defensora de los derechos humanos y también de los animales tiene a Paz. Así se llama su perrita puddle, regalo del cumpleaños número nueve de Daniela. Según, Paz de paz solo tiene el nombre.

Los fines de semana se los dedica a su familia. Comparte con sus hermanos, sobrinos y padres. Y confesó que todas las decisiones familiares las somete a discusión con “la familia telerín” como la autodenominó. Fernández no es de salir de rumba, cócteles o eventos sociales. Está convencida de que su inteligencia social, además de la habilidad numérica, es de las pocas cosas que no ha desarrollado.

Su sencillez deja huella en todos aquellos que la conocen o la ven en la calle. La misma persona del estudio de Se ha dicho es quien responde con calidez tu saludo en la calle, en la radio, Twitter o Instagram. Sus molestias, aunque pocas, las tiene como cualquier otra persona.

Así como se le ve en pantalla regañando con carácter por la insensatez, injusticia y la sordidez, fuera del aire ocurre igual. Es intolerante radical de las mentiras blancas, negras o multicolores. Todo lo estudia, lo pregunta y lo examina en cualquier momento, como un policía que no sale de su papel incluso cuando se trata de la relación en pareja. Aquel hombre que desee estar con ella debe estar dispuesto a ser el rey consorte y todo lo demás que incluye estar con una mujer de poder.

Mónica Fernández es un palo de mujer… ¡Se ha dicho! 

Enero 2014

Eduardo, Ebony y otras mujeres bajo una sola piel

Por Oroyelix Lozada |@oroyelix

Ella y él comparten la misma voz, piel, gestos y hasta su gusto por los hombres. Más de dos mujeres toman forma y personaje en el cuerpo de Eduardo José Tejada desde hace siete años. El artista travesti se presenta en distintos locales nocturnos de Caracas y otras ciudades de Venezuela

“Vamos a ponernos por aquí para que nadie que venga nos vea, porque si no, nos van a interrumpir a cada rato con la saludadera”, dijo Eduardo José Tejada al momento de iniciar la entrevista en la entrada de Cool Café, bar de ambiente ubicado en Altamira. De pie, recostado de un muro y de fondo la melodía de una ciudad sumida en el caos, Eduardo atropella cada palabra que pronuncia por el ritmo acelerado con el que habla. Acaba de cumplir 30 años y de esos, lleva siete vistiendo vestidos con maquillaje y tacones.

Nadie interrumpió a lo largo de la conversación. De contextura gruesa y tez oscura. Sus labios pronunciados contrastan con el color de su piel. Cabello con corte bajo y finas cejas delatan el cuidado estético al que se somete con regularidad. Tejada manifiesta que vestirse de mujer e interpretar personajes es un trabajo artístico. Desde muy pequeño la música, el baile y la actuación llamaban su atención; sin embargo, jamás contó con contactos ni dinero para llevar a cabo una vida profesional dedicada a esas actividades. Pese a esto, con trabajo consecuente ha logrado formarse como un artista integral querido y reconocido en la comunidad LGBTI.

Sus manos llevan la misma cadencia de su acelerado hablar. Cumple distintos roles en su cotidianidad; despierta a las 6 de la mañana para ir al trabajo, una empresa del Estado en la que es gerente de calidad de servicio. En las tardes, estudia administración hotelera y en las noches, le da la espalda a la diplomacia y seriedad para convertirse en una mujer espontánea, atrevida, “posada y chicharachera” llamada Ebony.

Este nombre se lo debe a Luis Enrique Peñaranda: “'La Kike’, que era gordo y ahora es flaco. Fue actor de Bienvenido –viejo programa de humor transmitido por Venevisión–. Él trabajaba aquí [en Cool Café] y su debilidad era ponerles nombres a las personas, a los artistas. Un día me puso Ebony por ébano, ¿entiendes? Ébano es la corteza central del árbol, la parte más negra, lo más duro del árbol, algo invencible. Yo ni sabía que era eso. Busqué en Google, porque siempre me gusta investigar sobre lo que estoy haciendo, lo busqué, me gustó lo que significaba y me dejé ese nombre”.

Es el mayor de cuatro hermanos. Su hermano menor se hace llamar Renata Villanueva; ambos en la comunidad LGBTI son identificados como “los hermanos Villanueva”. La vena artística es compartida. La aceptación de la familia, sobre todo para su madre fue un proceso paulatino que tomó años. “Bueno mi mamá no sabía mi cuestión porque soy muy reservado pero mi hermano si era el más boleta, ese no le para. Es zumbao. Mi mama un día le preguntó y claro yo me la pasaba con él para arriba y para abajo. Ella le preguntó que si yo lo había violado o tocado, cuando estaba pequeño porque estaba confundida. Obviamente él le aclaró la circunstancia y se enteró que hacíamos shows”, comenta entre risas. Ser buenos hijos; él, buen estudiante desde pequeño fueron razones que promovieron la aceptación de su madre. “Se quedó con las cosas buenas de nosotros”, comentó convencido sin más remedio.

Por una “jodedera” concursó en un casting y aprovechando el ánimo de sus amigos se aventuró. Ganó y entró, como relleno, pero estaba dentro. Con el tiempo se divorció de la timidez, permitiéndole soltarse y dominar más espacio hasta que consiguió su propio show. La solidaridad de sus compañeros fue y es el pan de cada día. “Cuando empecé era ‘préstame esta peluca’, un vestidito por aquí, me maquillaban y así fui hasta que iba reuniendo y fui adquiriendo mis cosas cuando cobraba”.

Ebony Tipo 11 es el nombre del show que presenta en distintos lugares de ambiente. Los monólogos están inspirados en el programa original Erika Tipo 11, los adapta para su público y le agrega “más picante”. Algunos de estos contienen una carga política que alude al actual contexto país, sin embargo, Tejada explica que en su show trabaja lo que denomina teatro de cabaret: “Eso es más o menos lo que yo hago. Manejo lo que es la sexualidad, la política, no me burlo de la forma en sí. Yo no me burlo del que es chavista o no, me burlo de la manera cómo piensa por ser así. ¿Me entiendes? No me burlo que seas cojo o chiquito, me burlo de cómo tú actúas. Eso es lo que hace el teatro cabaret. Nosotros solo le buscamos un chiste a todo. Por ejemplo, a la recién ganadora del Miss Universo, Miss Venezuela 2012, le preguntaron en el concurso sobre su mayor temor y ya aquí se inventó una respuesta para eso: ‘Llegar a Venezuela y que me quiten los dólares, que no haya harina…’”. Esta libertad en cuanto al tema político no la comparte el propio Tejada, prefiere reservar su posición política tanto o más que su preferencia sexual.

La dualidad

Ebony Villanueva y Eduardo Tejada conviven en el mismo cuerpo y comparten una misma esencia; aunque cada uno conserva matices que marcan la frontera entre cada uno. Ebony a cada hombre que ve “le mete mano”. A diferencia de Tejada, que no lo hace. La sinceridad los ata a los dos, el cómo lo dicen es la marcada diferencia: mientras uno se balancea en la cuerda de la diplomacia, la otra se desploma en lo desmedido. Tejada es más “comedido” como él mismo define, Ebony es “más ordinaria, más chicharachera”.

Conocer tanto público que le tiende la mano de forma desinteresada es la mayor satisfacción de dos personajes bajo una misma piel. Presentarse en lugares fuera de Caracas le ha permitido ampliar su red de contactos y cultivar nuevas amistades en distintas regiones. “Cuando voy a Margarita o Puerto La Cruz, no me puedo quedar en hoteles por mucho que lo quiera”, comentó. Muchas de sus amigos le brindan atenciones, comida y hospedaje. Prendas de vestir y accesorios son también otras regalías que recibe de su público.
Con un gesto de satisfacción, manos en el pecho y una amplia sonrisa expresó: “Ese gesto de que la gente te lo ofrezca sin más, eso es muy lindo”.

“No soy corrupto”
Ebony fue reina de la marcha del Orgullo Gay en el año 2009. Formó parte del grupo pionero de estas pequeñas manifestaciones espontáneas que coloreaban las calles de Caracas, un auténtico arcoíris andante. Ahora es distinto. El movimiento LGBTI se ha politizado, actualmente la preparación es multitudinaria y proviene de los recursos del Estado. “Ahí muchos van, hacen casting, los contratan y luego no les pagan, ni un vaso de agua le dan”, sentenció. Como trabajador de una institución pública reconoce que hay dinero para saldar las deudas. Prefiere no participar porque “prestar mi imagen sería apoyar la corrupción y no soy un corrupto” dijo con ahínco.

La versatilidad como arma
Ebony es el álter ego protagonista de Eduardo Tejada, mas no es la única. Otras mujeres también toman rol en su vida. Ha interpretado cantantes reconocidas de la música pop, La Tigresa del Oriente, entre otras. De sus cualidades, su mejor arma es la versatilidad: “Me siento auténtico. Tengo la satisfacción de hacer lo que quiero. Puedo ser una persona fashion o un malandro; un estudiante, y un hombre de oficina. Me adapto a las circunstancias, no tengo problemas con eso”.

El mayor desafío para Eduardo Tejada es que, incluso vestido como un hombre, pura tetosterona concentrada, su entorno prefiera a Ebony y no a él –es probable que el verdadero reto sea ir al odontólogo. Le tiene pánico–. Su seriedad puede ser el repelente para algunos. Su álter ego es el puente para acercarse a muchos y contrariamente para alejar a otros, el romance es uno. “Claro que hace falta tener una pareja, eso es chévere” confesó. Pero no hay prisa, mientras tanto los siete días de la semana los dedica a alimentar cada faceta de su vida sin desperdicio.

Fotoleyenda: Sosiego de un llanero



Su lugar predilecto es el recién construido Centro Cultural Padre Carlos Guillermo Plaza. Aníbal Rondón a sus 58 años trabaja en la nueva biblioteca desde hace menos de un año. Recorre los pasillos del amplio edificio con pala y escoba en mano para deshacerse de cualquier basura mal parada. La limpieza es su manía. Sus pasos son cortos y lentos, como si las botas negras de ancha suela le pesaran. Delata cierta timidez, pues la cámara lo intimida. Se aleja cada vez que se siente invadido. Nació y creció en Altagracia de Orituco, una ciudad situada en el estado Guárico con una población de no más de cien mil habitantes, y a los veintiún años abandonó la llanura para hacer vida en la ciudad caraqueña. Vive con su hermana y el esposo luego de haberse divorciado de su señora hace cuatro años. Su tono de voz es apenas audible y con parcas palabras se describe como “utilero” porque hace “de todo lo que le pongan”. No existe trabajo que rechace por desconocimiento. Todo lo hace y si no, lo intenta. Para el señor Rondón el trabajo es fundamental para ganarse el pan. Expresa con sus propias palabras: “Como dice el dicho: ‘si no trabajas, no comes’”. En cada amanecer sigue esa premisa de vida.

El diamante que más aman los hombres

El campo de beisbol es el corazón del juego. El escenario soñado de un jugador. En el estadio Universitario de Caracas, que lo comparten los Leones y los Tiburones, dieciséis hombres “pulen” el llamado diamante con palas, rodillos, arcilla, paletas y brochas. Abandonaron las tribunas para entregarse al terreno de juego


En el estado Amazonas vive Miguel Lefebre, fanático del beisbol venezolano, acaba de encender su televisor para ver el juego Caracas - La Guaira. Fanático empedernido de los melenudos se echa en su chinchorro con cerveza en mano a la espera de la voz de play ball. Las imágenes transmitidas por el canal de televisión muestran hombres con chemises blancas condicionando el campo. Ellos son los protagonistas de la noche ante la "fastidiosa" llovizna que como hormiguitas se desplazan de allá para acá, pintan aquí, riegan allá. Entre tanto, Miguel ya lleva 6 cervezas y el juego aún no empieza.

En Caracas, las tribunas del estadio están repletas al igual que las gradas, pese a que ha estado lloviendo desde el día anterior. Las voces de la televisión anuncian que el juego entre Los Tiburones de la Guiara y Leones del Caracas está retrasado por la persistente lluvia. Estaba pautado para las siete de la noche y ya son las nueve. Miguel sigue atento a su pantalla con botella en mano; los fanáticos aprovechan de comer en los variados kioskos de comida ubicados debajo de las tribunas, otros toman cerveza y fanfarronean entre sí prediciendo el marcador a favor de sus equipos. Y los jugadores esperan que cese la lluvia en sus respectivos dugouts. Esta noche los Tiburones visitan a los melenudos.

Por el jardín izquierdo, cerca del dogout de los Leones, en un recinto mediano aguardan los dieciséis cuidadores y César Campos, el especialista en el suelo deportivo. La mente maestra que mima el estadio todos los días.

Escampó. Suena la voz de playball y comienza el primer inning con Leones al bate. Miguel llena su ancha panza con la cerveza número 12.

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Horas antes.

Son apenas las dos y media de la tarde, personal administrativo de los equipos y de seguridad ya se encuentran en El Universitario. Todo ocurre al mismo tiempo: se instalan las cámaras de televisión –que le permitirán a Miguel ver el juego desde su hamaca en Amazonas–, tres hombres guindan las vallas publicitarias que patrocinan a los equipos de esta noche. Se organizan los comités de guías y seguridad. Los puestos de comida se alistan, un cúmulo de exquisitos olores desata el hambre de cualquiera que se acerque.  Y por último, de suprema importancia, refrigeran las miles de cervezas que se tomarán en este duelo los entusiastas espectadores.

En contraparte, la jornada diaria en el terreno de juego ya se realizó a tempranas horas. Este trabajo de hormiguita como lo define el especialista César Campos es ejecutado a diario desde las siete de la mañana. En primer lugar, se hace el “gradeo” que consiste en la movilización de la arcilla, luego la nivelación y posteriormente la compactación con los rodillos. Mantener el mismo nivel entre la tierra y la grama es de suprema importancia.

En días soledos se llevan a cabo las prácticas de bateo sin contratiempos.
—El objetivo principal es que el campo se mantenga lo más liso posible y evitar el mal pique–comenta el especialista, César Campos.

Una vez terminado el servicio matutino, el infield del diamante se protege con unas alfombras y sobre ellas se coloca la jaula de bateo que usarán los equipos a la hora de su práctica.

—Como trabajador dedicado a esto me gusta ver estas prácticas de bateo. Así veo el recorrido de la pelota, ahí me fijo en el pique y en el desplazamiento antes de los juegos, explica sentado desde las tribunas del lado izquierdo del estadio.

De fondo suena el impacto del bate contra la pelota una y otra vez. Por el jardín izquierdo un niño con guante en mano intenta atajar los flys y rollings.

Campos lleva anchos lentes de sol que esconden sus ojos, posee un mentón pronunciado con forma del número tres acostado, al estilo del personaje animado Buzz Lightyear. Obtuvo el título técnico superior en ingeniería civil de la Universidad de Carabobo y trabaja con su padre desde que tiene 18 años. Fue él quien le inyectó el interés por el cuidado de los campos deportivos. Ambos se han formado en el exterior, anualmente asisten a talleres y conferencias en Estados Unidos sobre los cuidados y mantenimiento de distintos suelos deportivos.

Antes de llegar a trabajar con la Fundación UCV y los equipos que alberga “El Universitario” trabajó diez años en Valencia con los Navegantes del Magallanes. Aunque también ha laborado en otros estadios como el estadio “Antonio Herrera Gutiérrez” de Lara; “José Pérez Colmenares” de Aragua; “Alfonso ‘Chico’ Carrasquel” de Anzoátegui y “Estadio Nueva Esparta”, conocido como “Guatamare” de Porlamar, entre otros.

El entrenamiento terminó. El cielo está despejado. Los cuidadores comienzan sus labores: doblan las pesadas alfombras y desarman la jaula de bateo. Todos los materiales se trasladan al depósito ubicado al final del terreno justo debajo de las gradas. Detrás de la pista de seguridad –la franja de arcilla que se ubica al final– donde se guindan las vallas publicitarias se esconden las puertas de este recinto. Un amplio pasillo poco iluminado, con un denso olor a guardado. Desconoce la limpieza e impera el desorden, viejas lonas e instrumentos de trabajo en desuso se apilan a mano derecha. Cerros de arcilla naranja irrumpen el libre paso sobre la superficie del suelo, montones de sacos de arcilla de lado y lado. Unas rejas de barrotes llaman la atención, un gran candado la mantiene cerrada. Algo protegen con cuidado: tuberías, llaves de presión, una bomba de agua. ¡Quién se lo imaginaría! Se trata del sistema de drenaje subterráneo del estadio. El agua que es absorbida desemboca en el río que atraviesa la ciudad de Caracas. Más agua para el Güaire.

Campos enciende el carrito verde con el logo de los Leones que se estaciona dentro del desordenado depósito y se dirige al montículo.

Empieza el escuadrón de lapidarios a pulir el diamante. Más de quince hombres se dedican a sus funciones ya delegadas. El hombre que pinta las almohadillas de blanco y dibuja la línea del pitcher se llama Jermaine Córdoba. Da clases de agricultura en Ocumare del Tuy y esta es su primera temporada trabajando en el estadio.

Su hermano, Jackson Córdoba traslada la jaula de bateo desarmada al depósito. Carlos Ramírez junto a un compañero recorren el terreno con pala, paleta y carretilla. Riegan arcilla secante en las áreas con exceso de agua, el efecto de este material es casi mágico. Se esfumaron los aislados charcos.

Pintan las líneas de foul y el cajón de bateo con la ayuda de pabilo y una máquina diseñada para esta tarea. En la parte trasera del carrito tipo golf se instala una amplia malla en forma rectangular que peina con uniformidad lo naranja del terreno. Más de cien vueltas da el piloto del carrito, en círculos abiertos y cerrados recorre el infield de izquierda a derecha; demora alrededor de 15 minutos y por fortuna no se marea.

El trabajo tardó más de hora y media por la lluvia. Sin lluvia el acondicionamiento se realiza en 30 a 45 minutos.

Diamante pulido. Se da inicio al juego.

Todos se dirigen a su lugar de resguardo. Permanecen aquí durante el duelo. Al cierre del tercer, quinto y séptimo inning salen de nuevo a acondicionar. Como el juego apenas empieza Jermaine, Jackson y Eduardo Morales suben a la barra donde venden cerveza. Un par bien frías son su recompensa.

Cuando están abajo, no pueden ingerir bebidas alcohólicas, pero una escapadita para refrescarse no le 
hace daño a nadie.


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Caracas ya cambió el marcador a su favor y cerró el tercer inning.
En el entretiempo la mascota de los Leones divierte al público con un concurso de baile. Llegó el momento de salir al campo con las mallas a alisar y borrar las huellas de los jugadores al correr y barrerse sobre la arcilla. Jackson y Eduardo Morales son los primeros que salen a dar la vuelta.

Van y vienen. El diamante quedó limpio.

–Esto es como una cooperativa familiar, él es mi hermano, este es primo de mi esposa, aquel también es familia. Aquí todos, todos nos conocemos de Ocumare, bromea Jackson señalándolos uno a uno en cuanto vuelve.

Bajar todas las tardes a Ocumare no parece pesarle a ninguno. Llegan y se van juntos. Disfrutan el trabajo en equipo. Los hermanos Córdoba dan clases en su tierra; Jackson es profesor de educación física y Jermaine –el que pintó las bases– es técnico de la selección de beisbol Miranda en Ocumare del Tuy. Y además, entrenan a niños en una escuelita de beisbol de su localidad.

Estos hombres dejaron las tribunas para mimar el campo donde juegan los equipos que han acompañado desde pequeños. El único requisito para trabajar aquí es tener la voluntad y saber  seguir instrucciones porque entrenamiento previo no existe. Campos es quien da las órdenes técnicas.

Alimentan su pasión por el beisbol. Sus anchas barrigas se inflan más con cerveza y comida que sus propios bolsillos. Por cada noche que trabajan el equipo local les paga 180 bolívares. Y esta es la razón por la que su corazón fanático se dividió: el que no apostaba por Caracas o Tiburones ahora lo hace, pues mientras más lejos lleguen los equipos, más dinero. César Campos, por el servicio técnico y observación cobra tres mil bolívares fuertes cada juego, aparte del contrato con la Fundación UCV, por el que percibe cuarenta mil mensual.


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El equipo melenudo sigue arriba en el marcador. Cerró el quinto inning. De nuevo los lapidarios al terreno.

Esta vez es el turno de Jermaine y Rafael. El segundo ama el fútbol y apoya a la selección brasilera. Él y otro compañero gozan de la confianza de Campos así que trabajan de la mano con la Fundación durante todo el año.

Comenzó a lloviznar de nuevo aunque con poca intensidad. Si ocurre lo contrario los dieciséis hombres tendrán que desplegar la lona en el terreno. Esto le hace recordar a Campos una peculiar anécdota:

—Cuando trabajaba en Valencia con el Magallanes, solo éramos cinco o seis. Y empezó a llover así, en pleno juego, duro. Todo el mundo estaba desesperado y nos gritaban que pusiéramos la lona, pero no podíamos porque éramos muy pocos. Bueno, ahí vino un gentío desde las tribunas y bajó espontáneamente a ayudarnos. Bajaron como treinta personas— comenta entre risas.

Divertidas carcajadas invadieron el lugar. Entre el grupo comenta un hombre moreno llamado José Alberto —apenas es su primera noche de trabajo—, que el fanatismo del venezolano por el beisbol no tiene “padrote”. Se muestra fascinado ante su primera jornada en el estadio. El beisbol lo apasiona más que quien fue su mujer. Está fascinado con las distintas arcillas importadas que mejoran las condiciones del campo en casos de contingencia. Comenta con voz de niño ahogado por la emoción:

–Muchachos ¿es que ustedes se imaginan que tuviéramos ese material allá en Ocumare? ¡¡No joda!! Que prenderle candela nada al monte. Arcilla pa’ca y pa’lla. Ni un domingo más sin juego por culpa de la lluvia, sentenció el caballero de 54 años.

Parece que un domingo en Ocumare sin beisbol es como ir al estadio y no tomar cerveza.

Leones del Caracas resultó ganador. Miguel gritó de emoción y apagó su televisor con una 32 cervezas almacenadas en su prensado estómago. Mientras tanto los dieciséis hombres vuelven al campo por última vez  esta noche. Cubren el montículo, los bullpen y retiran las almohadillas. La larga noche por fin dará descanso a los lapidarios del terreno. Unos celebran y otros cansados se marchan.

Hasta un próximo encuentro.
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